Crisis y Oportunidad

A la mayoría de la gente les cuesta acepar que las situaciones de conflicto o dolor son potencialmente generadoras de cambios y de crecimiento en la vida, y que cada situación aparentemente negativa, también contiene la semilla de nuestra evolución.

Nuestra cultura occidental, cada vez, valora más lo práctico, lo eficaz, lo instantáneo.  El café instantáneo, las comidas rápidas, las dietas relámpago, ¡¡¡pierda diez kilos en una semana!!!  ¡¡¡ Sea feliz, ya!!!

No respetamos los tiempos del cuerpo ni del espíritu.  Queremos tenerlo todo y lo queremos ahora mismo.  Las crisis son indeseables, la depresión es una mala palabra.  Hemos perdido la paciencia, la capacidad de introspección y de contemplación, de atravesar los procesos; y sin paciencia es muy difícil tolerar las crisis y aprovechar su enseñanza.  El mensaje que recibimos constantemente es: sea bello, perfecto y feliz.  Paradójicamente, cuanto más nos rodeamos de belleza aparente en lo externo, menos felices nos sentimos.  Al negar u ocultar nuestras partes oscuras ó débiles, al huir de los conflictos, no podemos transformarnos en seres íntegros y terminamos y nos sentimos vacíos.  La crisis sobreviene después de todo, aunque intentemos evitarla.

Es en estos momentos incómodos, indeseables y desagradables, que se encuentra el mayor potencial de transformación.

En la escritura china, la representación ideográfica de la palabra “crisis” consta de dos símbolos: uno significa “peligro” y el otro, “oportunidad”.  En cada crisis, se esconde una oportunidad.  Solo tenemos que aprender a descubrirla.

Según la filosofía oriental, la armonía en la creación depende del equilibrio de los opuestos complementarios, el Yin y el Yang, lo femenino y lo masculino, el día y la noche.  Todo obedece a un orden.  Partiendo de esta filosofía, resulta casi natural vislumbrar los aspectos positivos ocultos en una situación aparentemente negativa.  Cada situación oscura tiene una parte luminosa y viceversa, una no existe sin la otra, lo vemos en el simbolo del Yin y el Yang.

Como dice el Tao Te Ching: “Al tener conciencia de lo bello, se tiene una idea de lo feo.  Existencia y no existencia se engendran mutuamente; también lo hacen lo difícil y lo fácil, lo largo y lo corto, lo alto y lo bajo, el sonido y el silencio.”

Tanto en Oriente como en Occidente, las crisis personales o grupales son las que generan los cambios. Aquello que más tememos y que más tratamos de evitar, suele ser aquello que tenemos que atravesar.

Quiero contarles la historia de vida de alguién que considero un privilegio que forme parte de mi familia.  Mi cuñada Celia quedo parapléjica a los 19 años, a consecuencia de un accidente automovilístico.  Ante una situación que la mayoría de las personas vive como una tragedia insuperable, ella, con un temple admirable, decidió luchar y salir adelante, viviendo su crisis personal como un desafío y no como un obstáculo.

Su lucha comenzó desde su silla de ruedas, defendiendo los derechos de las personas con deficiencias físicas, con lo que comenzó su carrera política.  Hoy ha sido reelecta por cuarta vez consecutiva diputada en representación de su ciudad natal.   Se ha hecho abogada, se ha casado y, pese a la opinión de algunos médicos, ha tenido tres hijos maravillosos con parto normal.

Para mi, tanto ella como mi hermano, son un ejemplo de vida que nos enseñan como las crisis, aun las mas graves, pueden traer oportunidades inesperadas y guiarnos hacia nuestro destino.

Considero que el mayor logro terapéutico no es que la persona supere momentáneamente los conflictos sino que aprenda a aceptar las crisis como partes necesarias de su crecimiento, que adquiera las herramientas para atravesarlas y vivirlas como un proceso necesario y enriquecedor para su desarrollo como individuo, y que pueda aceptar e integrar sus aspectos luminosos y oscuros para tornarse un ser completo.

Vivian Edelmuth, Psicóloga Transpersonal y Especialista en Psicoastrología.

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